Que Dios te bendiga, nos guía en la búsqueda y el encuentro cotidiano con Dios, personal y concreto.
Nos ayuda a recapacitar sobre la sencillez y la rectitud como la clave de nuestra relación con nosotros mismos y con los demás.
Saltan chispas en el corazón, al descubrir que es de ese modo que nos abrimos a Dios y Él se nos entrega, y que podemos darlo a los demás, con alegría, haciendo trascendente el simple cumplimiento de nuestras labores diarias.