jueves, 8 de abril de 2010

3.7. Mi barco de papel




Sentado en la vereda hago un barco de papel;
estoy pensando en irme por el mundo a recorrer.
Son tantas ilusiones las que tengo que llevar,
que solo siento miedo con mi barco a naufragar.

Pero pienso que en la vida
uno tiene que arriesgar,
porque nadie te da nada
si no sales a buscar.

Ya falta poco, voy a partir.
Quiero que el mundo sepa de mí.
Tengo los ojos llenos de fe.
Siempre habrá tiempo para volver.

Sentado en la vereda ya mi barco terminé.
Ahora por el mundo yo me largo a recorrer.
Me llevo ilusiones y recuerdos de mi ayer;
me llevo la sonrisa que a una niña le robé.


            Sus sueños le parecen temerarios.  Lo desbordan.  Es tanto lo que desea abarcar que siente que solo no podrá llegar tan lejos como quisiera.

            Pero sus temores no lo desaniman.  Piensa que si no se arriesga a creer en sus sueños —aun aquellos que parecen im po sibles— no podrá hacerlos realidad. Su deter minación es firme, confiada, generosa; tan lejos de la precipitación como de la apatía.

            Tiene como impulso los ideales y los recuerdos de su ayer, que lo han traído hasta acá, y la simpatía que despiertan sus canciones.