jueves, 8 de abril de 2010

2.6. Conozco una casa



Conozco una casa, muy lejos de aquí.
Cuando estoy en ella me siento feliz.
Dentro de esa casa yo encuentro de todo,
cuando yo sonrío y hasta cuando lloro.

Conozco una casa muy lejos de aquí.
Todo en esa casa parece reír.
No es grande.  No hay lujos.
No es una fortuna;
pero no la cambio jamás por ninguna.

Cuando estoy en ella, distinta es mi vida.
Tengo en esa casa mis cosas queridas.
Tengo las mañanas tan llenas de sol,
porque en ella vive mi vida, mi amor.

   
La paz de su hogar, tan suyo y radiante, surge potente y acaricia­dora en su pensamiento, en cualquier momento y lugar: porque está en el centro de su alma.

            En esta casa donde el dolor se alivia y se enjuga el llanto, donde no falta nada y todo adquiere la límpida alegría del amor, hay resonan­cias del cie­lo.

            La plenitud que describe, de la intimi­dad colmada, no se compara con nada.  No hay lujo ni riqueza que puedan dispu­tarla.