Gracias a Dios
por las flores, por el viento,
por las cosas que yo siento,
porque tengo tanto amor.
Gracias a Dios
por la luz del nuevo día,
por mi dicha, mi alegría,
por la lluvia y por el sol.
Gracias a Dios
por la gente que se quiere,
por la fe que nunca muere,
por los niños y el amor.
Gracias a Dios
por el beso de las madres,
por el canto de las aves,
por el trigo que está en flor.
Gracias a Dios
por el pan de cada día,
mis amigos, la poesía,
la ternura del amor.
Gracias a Dios
por los campos que florecen;
porque he visto muchas veces
la sonrisa del amor.
Le agradece a Dios por la efusión de sus sentimientos y los de los otros, que en su interacción con la naturaleza —bella y providente—, la llevan a su plenitud y hacen que el corazón se eleve gozosa y naturalmente a Él, espontáneamente captado como el origen de todo bien y merecedor de todo reconocimiento.
Siente que su optimismo está bien fundado; que no está solo en su camino. Su corazón vigila y canta.