Perdonen la tristeza.
Perdonen este llanto.
Pero ha sufrido tanto, tanto, mi corazón,
que ya no tengo lágrimas, de tanto que he llorado;
me siento muy cansado, se me duerme el corazón.
Estoy sentado en el rincón más triste de mis días;
me estoy mirando con mis años malgastados,
y pareciera que hoy se vino a posar en mí
toda la amargura del mundo.
Tengo un dolor tan grande
en esta madrugada muerta,
y no sé hasta cuándo voy a seguir así,
a la espera de nadie.
Si por amor he cantado,
por amor he llorado mucho más.
Una lluvia cae lentamente sobre la ciudad.
Se está robando el color de todas las cosas,
y ya me estoy durmiendo sobre mi tristeza.
Por un camino solitario va mi corazón,
descalzo de amor.
Perdonen la tristeza,
perdonen este llanto,
pero ha sufrido tanto, tanto, mi corazón.
Perdón. Perdón por estas lágrimas.
Hoy no puedo evitarlo,
Me siento tan cansado...
Se me duerme el corazón.
Desilusionado y afligido, lo invade una desa zón que pare ce ser su única, inexo rable rea li dad.
Sin embargo —contra toda apariencia—, la luz no se ha apa gado: espe ra encon trar un amor pro porcionado a sus aspira ciones, que llegue a colmar las.
Hay una tensión sobrehumana en las para dójicas imá genes: la sensibilidad que se rebela no hiere a la vo lun tad, que resiste fir memente. Su espera de na die es una espe ra en la que per severa, a pesar del dolor saturado que le oculta la esperan za.
El amor —inagotable— inculca la pers pectiva del ama necer en la noche cerrada: el dolor lo tensa hasta la exas peración, pero man tiene su buena fe y gene ro si dad hasta el fin.