jueves, 8 de abril de 2010

3.2. Yo vivo a la buena de Dios



Yo vivo a la buena de Dios.
No tengo fronteras ni hogar.
Yo sigo el camino del sol,
compartiendo el vino
me gusta sentir el amor.

Yo vivo a la buena de Dios.
Me gustan los montes y el mar.
La lluvia me da su canción,
la tierra su trigo cuando ya está en flor.

Yo voy por el mundo,
soy un vagabundo;
le canto a la vida, le canto al amor.

Yo sigo el camino,
busco mi destino;
Soy hermano del viento y del sol.

Yo vivo a la buena de Dios.
Yo soy como el río que va.
Dejé mil caminos atrás.
Vivir como vivo es mi felicidad.


            Vive a la buena de Dios: sin artificios ni malicia, con confianza y sencillez,  sin apegarse a nada.

Disfruta de la fiesta, igual que de los pai­­sa­jes que aquietan, o llevan la vis­ta lejos: que favo­re­cen el recogi­miento.

Como el río que va, su vida progresa supe­rando obs­­tá­­­culos para ajus­tarse a su senda: de­jan­do miles de caminos atrás.
 
Por esta docilidad, encuentra su destino y su felici­dad.  Y en el medio del mundo se siente hermano del viento y del sol.