jueves, 8 de abril de 2010

6.1. Elevemos un canto hacia el viento


Elevemos un canto hacia el viento,
pero un canto de amor y de paz,
y que el viento lo lleve en sus alas
por el mundo feliz a volar.

Elevemos un canto hacia el viento,
de esperanza y también de amistad,
que despierte alegría en los niños
y en los hombres despierte bondad.

Elevemos un canto hacia el viento.
Y que el viento lo lleve a volar.
Por la gente que está enamorada,
por los hijos que van a llegar.

Elevemos un canto hacia el viento,
con un dulce mensaje de amor.
Por los hombres que labran la tierra,
por aquellos que aman a Dios.

            El viento, que sopla donde quiere, para disipar las nubes o arrancar incluso lo arraigado, es símbolo del Espíritu Santo: que se nos comunica ínti­mamente, como guía y confidente, y nos eleva a su nivel, haciéndonos libres, espiri­tualmente ágiles y felices.

A Él le encomendamos este canto de amor y de paz  para que no quede a mitad de camino, y llegue a todos los rincones, ins­pirando ale­gría y bondad a todos los hombres del mundo.

Que este mensaje se eleve dulcemente, sin estri­dencias, como un testimonio de la fecundidad del amor, que nos llama a abrir nuestra alma a su vida, nuestro corazón a la esperanza y nuestra inteligencia a la verdad.