Elevemos un canto hacia el viento,
pero un canto de amor y de paz,
y que el viento lo lleve en sus alas
por el mundo feliz a volar.
Elevemos un canto hacia el viento,
de esperanza y también de amistad,
que despierte alegría en los niños
y en los hombres despierte bondad.
Elevemos un canto hacia el viento.
Y que el viento lo lleve a volar.
Por la gente que está enamorada,
por los hijos que van a llegar.
Elevemos un canto hacia el viento,
con un dulce mensaje de amor.
Por los hombres que labran la tierra,
por aquellos que aman a Dios.
El viento, que sopla donde quiere, para disipar las nubes o arrancar incluso lo arraigado, es símbolo del Espíritu Santo: que se nos comunica íntimamente, como guía y confidente, y nos eleva a su nivel, haciéndonos libres, espiritualmente ágiles y felices.