jueves, 8 de abril de 2010

3.3. Siempre estoy enamorado





Le canto a la vida, le canto al amor.
Le canto a la lluvia, también le canto al sol.
Les canto a los campos cuando al florecer,
tienen la frescura del amanecer.

Voy por el mundo cantando mis canciones.
Son las canciones que nacen del amor.

Siempre estoy enamorado.
Enamorado, enamorado del amor.

Les canto a los niños, les canto a las flores,
le canto a la gente canciones de amor.
Le canto al amigo, y le canto a Dios;
les canto a las madres, su tierna canción.

Voy por el mundo cantando mis canciones.
Son las canciones que nacen del amor.

Siempre estoy enamorado.
Enamorado, enamorado del amor.




            Les canta a la vida y al amor, que se entre­lazan en todas las alternativas de la existencia humana.

            El amor que lo enamora es el amor de Dios: fuente del amor que da vida, y nos hace penetrar en su esencia, que es esa misma vida.

            Porque viene de Dios y se dirige a Él, el amor tras­pasa el límite entre lo visi­ble y lo in­visi­ble, y nos abre un pano­rama donde lo gran­de se revela en lo pe­queño, lo pro­di­gioso en lo natu­ral, lo espiri­tual en lo mate­rial.

            Las realidades que esconden promesas de plenitud, como la maternidad, la infancia, el amanecer y los cam­pos flore­ci­dos, o expresan la con­­­so­­­­nancia de las cosas, como la llu­via y el sol —que se com­­­binan para sustentar  la vida— inspiran su canto, que pro­clama la armonía.



(Unidad-JTG)