jueves, 8 de abril de 2010

1.7. Hoy me dio por recordar





Hoy que se me dio por recordar
         aquella casa en el lugar donde nací,
         hoy por un instante hasta sentí
         esa fragancia del jazmín
         de los caminos de mi infancia.

         Hoy junto a mi padre yo me vi;
         a mi abuelita vi venir con sus consejos.
         Hoy... ¡cuántos recuerdos vi pasar!
         También he vuelto a recordar
         aquel poema de Vallejo:

    "Hay golpes en la vida tan fuertes... 
    ¡Yo no sé!
    Golpes como del odio de Dios;
    como si ante ellos,
    la resaca de todo lo sufrido
    se empozara en el alma.... 
    ¡Yo no sé! .... "

         Hoy, que se me dio por recordar
         cuántos amigos ya no están:  se fueron lejos;
         Hoy me puse triste hasta el dolor,
         al recordar un viejo amor y el primer beso.

         Hoy, ¡cuántos recuerdos vi pasar!
         También he vuelto a recordar
         aquel poema de Vallejo:

    "Hay golpes en la vida tan fuertes... 
     Golpes como del odio de Dios ....
     ¡Yo no sé!"


            Al dolor de las adversidades y frustra­ciones acompaña aquí una vívida y dulce evocación de la in­fancia, donde están presentes los paisajes y las sensaciones, junto a las figuras entrañables y rectoras del padre y de la abuela.

            Silenciosa y vertiginosa, la memoria revive e ilu­mina deta­lles, significativos en su enlace.

            Lo incomprensible de la muerte y del sufri­miento que surca la vida de los hombres, proyecta su som­bra lace­ran­te. Y en el hori­zonte vacío des­te­llan las pre­guntas esen­ciales.

            El corazón se abre y la mente se expande: la con­ciencia se enciende y se hace relativo el peso de la informa­ción de los sentidos.

            Esta capacidad de silencio y de contemplación es la fuente de nues­tra libertad y de nuestra dignidad; que nos hermana.