Hoy que se me dio por recordar
aquella casa en el lugar donde nací,
hoy por un instante hasta sentí
esa fragancia del jazmín
de los caminos de mi infancia.
Hoy junto a mi padre yo me vi;
a mi abuelita vi venir con sus consejos.
Hoy... ¡cuántos recuerdos vi pasar!
También he vuelto a recordar
aquel poema de Vallejo:
"Hay golpes en la vida tan fuertes...
¡Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios;
como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma....
¡Yo no sé! .... "
Hoy, que se me dio por recordar
cuántos amigos ya no están: se fueron lejos;
Hoy me puse triste hasta el dolor,
al recordar un viejo amor y el primer beso.
Hoy, ¡cuántos recuerdos vi pasar!
También he vuelto a recordar
aquel poema de Vallejo:
"Hay golpes en la vida tan fuertes...
Golpes como del odio de Dios ....
¡Yo no sé!"
Al dolor de las adversidades y frustraciones acompaña aquí una vívida y dulce evocación de la infancia, donde están presentes los paisajes y las sensaciones, junto a las figuras entrañables y rectoras del padre y de la abuela.
Silenciosa y vertiginosa, la memoria revive e ilumina detalles, significativos en su enlace.
Lo incomprensible de la muerte y del sufrimiento que surca la vida de los hombres, proyecta su sombra lacerante. Y en el horizonte vacío destellan las preguntas esenciales.
El corazón se abre y la mente se expande: la conciencia se enciende y se hace relativo el peso de la información de los sentidos.
Esta capacidad de silencio y de contemplación es la fuente de nuestra libertad y de nuestra dignidad; que nos hermana.