jueves, 8 de abril de 2010

4.4. Una patada a la verdad



Hoy ya no importa que vos seas un buen tipo.
Ya poco importa ser decente y trabajar.
Ahora cualquiera se siente con derecho
de darle cuando quiere una patada a la verdad.

¿Por qué será,
Por qué será,
Que hoy le dan
una patada a la verdad?

Hoy ya no importa tener mucha conciencia.
Hoy se disfraza de genio el incapaz.
Hasta te dicen que el amor pasó de moda,
la vergüenza es una cosa que ya nadie la usa más.

Hoy los valores están todos cambiados,
Hoy ya no importa tener mucha moral.
Hay mucha gente que lleva una careta;
del dolor hace la fiesta: todo el año es carnaval.



            Lo que pasa es que el mundo por sí mismo no tiene dimen­­­sión espiritual; sus pautas y medidas son inmediatas y par­­ciales.   Igual que las de la mente y los sen­tidos: que desco­nocen y resis­ten  el impulso integrador de la vida interior.

Sin la ayuda de la voluntad, que le abre el corazón, la majes­tad del bien y de la belleza desa­pa­rece de la mente como el sol en la noche: la razón se queda a oscuras, desinfor­mada, la libertad se frustra, y nues­tros desti­nos se labran des­de el divorcio interior.   Es gracias al amor que nos inculca su característica mirada compasiva, que nos hacemos capaces de colocarnos en el lugar de los otros, y de querer el bien de todos: que constituye la libertad misma. 

Sin  la prudencia y la fortaleza, frutos del amor, de candente suavidad, el error se difunde con des­par­pajo y prepo­tencia. Y se toman por maestros a quienes lo enseñan.

Las falsas oposiciones que se crean alejan la solución de los problemas, que no llegan a plantearse adecua­damente.