Todos los niños del mundo
un día se juntarán:
declararán su gran guerra
a los mayores de edad.
Y puede ser que así aprendan
cómo se debe pelear.
Ya que les gusta la guerra
tendremos la guerra en paz.
Cargaremos los cañones con
mil flores, ¡ya verán!
y tiraremos las bombas
de caramelos y pan.
Con sus aviones de guerra
desde el aire tirarán
semillas sobre los campos
que pronto florecerán.
Será una guerra en paz, de milagrosas consecuencias, para enfrentar a quienes, aferrados a sus errores, los promueven sin nostalgia de inocencia, llamándole bien al mal, y —mucho peor— mal al bien.
cristianos, los Corazones de Jesús y de María, inflamados en el fuego de la Caridad , sitiados por las espinas de la acedia, suscitan la insurrección de los pequeños, de los humildes, pero fuertes y grandes por la caridad y por la sabiduría de la cruz, que los empuja al sacrificio y a la paciencia por amor a los demás.
Cada vez más conscientes de su fuente y de su destino, sujetos a la mano divina que los sostiene y conduce, convocarán a todos los hombres del mundo a armarse con el coraje de la humildad y de la lucidez. Serán creadores, renovadores. Descubrirán recursos. No descansarán hasta el triunfo del Amor.
Las flores y semillas que derramarán desde lo alto despertarán a las almas y a los corazones dormidos a una nueva realidad, en la cual —por la plenitud de la libertad— el error se agotará en su propia incoherencia, y cada problema hallará su solución.