jueves, 8 de abril de 2010

7.4. Pensá si no tenés la culpa




Pensá si no tenés la culpa
de lo que te está pasando.
Si no fuiste tú quién lo fue provocando.
Pensá.  Pensá.

Pensá que siempre se cosecha
lo que uno va sembrando.
Por algo debe ser que
te dejan llorando.
Pensá.  Pensá.

Pensá, pensá, que uno recibe
de la vida lo que da.
Se paga caro todo
lo que se hace mal.

Pensá. Pensá.
Tarde o temprano
tu momento llegará.
Si das amor,
también amor recibirás.


             Muchas veces no nos damos cuenta de nuestras faltas y, por lo tanto, no nos hacemos responsables de sus con­secuencias.

            Si meditamos en silencio, con sinceridad, cara a Dios, pode­mos estar seguros del triunfo:  si damos amor recibi­remos amor. 

            Sin olvidar que el respeto y la paciencia que debemos a todos los hombres  las necesitamos también para con nosotros mismos, el  amor nos enseña su misterio: detrás de la aparente muerte está la vida. 

            Tenemos que relegar la comodidad y el egoísmo para alcanzar nuestros anhelos profundos, y lograr una buena comunicación con todos.  No hay cosecha sin siembra: si el grano de trigo no muere al caer en la tierra, queda infecundo; pero si muere, produce mucho fruto.