Tú y yo,
nadie más que tú y yo,
con la fuerza de este amor,
vamos por el mundo.
Tú y yo
descubrimos que los dos
muchas veces sin hablar
lo entendemos todo.
Tú y yo,
la alegría de los dos,
no hace falta de explicar;
se nota al mirar.
Yo seré siempre tu alegría,
tú serás la mía;
todo de los dos.
Sólo tú y yo, amor, amor,
iremos por el mundo;
reiremos juntos,
lloraremos juntos,
solos tú y yo.
Ahora son dos para andar juntos por el mundo, para apoyarse mutuamente y compartirlo todo en la unidad creada por la fuerza de su amor.
Nadie puede destruir la alegría de los dos, porque ha ocurrido una auténtica transformación: su ir solos es un ir siempre el uno en el otro.
El don recíproco hace diáfana la comunicación, e inefable la alegría que sienten: que es para siempre.