Me gusta ser como soy, qué más se puede pedir.
Yo encuentro por donde voy una sonrisa feliz;
tengo el cariño sincero de la gente que quiero,
así da gusto vivir.
La vida a mí me enseñó a conocer la verdad:
que sólo con el amor se logra felicidad;
que lo demás es pequeño, es fugaz como un sueño,
si no aprendés a amar.
Soy feliz porque la vida me ha enseñado a valorar
el cariño verdadero y la amistad.
Muchas veces nos llenamos de tristeza sin razón,
por vivir sin amor.
Nunca me siento vencido,
siempre encuentro un amigo que me da su calor.
Muchas veces nos sentimos derrotados sin razón,
por vivir sin amor.
Me gusta ser como soy; qué más se puede pedir.
Yo encuentro por donde voy una sonrisa feliz;
tengo el cariño sincero de la gente que quiero,
así me gusta vivir.
Está contento porque conoce la verdad: que el amor es el fundamento de la felicidad que permanece.
Su alegría es firme y contagiosa: no se puede pedir más.
El amor, que es la única riqueza verdadera, es un recurso inagotable. Es bálsamo y combustible, como un aceite que en nuestro interior aviva la conciencia y nos mantiene atentos y disponibles a las mociones del espíritu.
La prudencia, la franqueza y la reciedumbre lo acompañan. Sus frutos son de paz y de alegría: nos hace comprender las cosas como son y comunicarnos con la gente; su ardiente suavidad pone orden en nuestras prioridades y alivia toda tristeza y desánimo.