Todo es diferente. Nada es igual...
No todas las aguas desembocan en el mar.
Hay gente que ríe. Hay gente que llora.
Hay gente muy triste. Hay gente feliz.
Hay gente de blanco. Hay gente de gris.
Todo es diferente. Nada es igual...
No todas las aguas desembocan en el mar.
Hay gente inconsciente. Hay gente que piensa.
Hay gente muy buena, y otros sinvergüenzas.
Hay gente que lucha porque quiere paz,
y otros que destruyen sólo por maldad.
Todo es diferente. Nada es igual...
No todas las aguas desembocan en el mar.
Hay niños que esperan. Tiéndeles tu mano.
No les tires piedras, que son tus hermanos.
Las cosas no son como parecen...
A nuestro alrededor vemos alegrías y tristezas, plenitud y desazón, luces y sombras: realidad visible que es reflejo de otra, esencial e insondable —menos para Dios—, que transcurre en nuestros corazones.
Igual que los ríos corren cada uno por su sitio alegrando y dando vida a su lugar sin confundirse ni entorpecerse, y sin embargo atrayéndose fiel y naturalmente en un destino común, así fluyen nuestras vidas.
La felicidad de todos depende del amor de cada uno, que le brinda el foco adecuado a la razón, porque sabe compadecerse.
Más o menos espontáneo y firme, el amor que moldea nuestras disposiciones le da unidad y sentido a nuestra vida. Y define nuestro aporte a la sociedad: que realizamos unidos a Dios, y sólo Él conoce.