jueves, 8 de abril de 2010

3.1. No tengo nada



No tengo nada,
y tampoco me preocupo por tener,
porque mañana sabe Dios
en qué lugar me encontraré.

No tengo nada, y sin embargo
sigo andando por el mundo,
porque andando soy feliz.

Así he nacido.  Vivo así.
Y moriré sin tener nada.
Nada. Nada. Nada.

Soy amigo de la luna:
Ella sabe de mi andar.
Las estrellas muchas veces
escucharon mi canto...

No tengo nada.


            Tiene plena conciencia de que todo lo que posee es recibido; no se siente dueño de nada.

            En las noches de la más completa indigencia dis­frutó su libertad porque no había puesto su corazón en las cosas. No se atará ahora a ellas ni las perse­guirá.

            Por mucho que han cambiado las condiciones de su vida, él sigue andando y definiéndose rotun­damente como pobre, más allá de cualquier apa­riencia, hasta la muerte.

            Se siente constantemente en las manos de Dios, quien solo sabe adón­de lo lleva.

            Su corazón entona siempre el mismo canto.