Mirá para arriba,
mirá para abajo:
Verás el camino que
Dios te ha marcado
de amor y trabajo.
Nunca pierdas la esperanza,
ni las ganas de luchar.
Uno cae muchas veces,
y se vuelve a levantar.
Como dijo aquel poeta;
te lo vuelvo a recordar:
“Caminante, no hay camino.
Se hace camino al andar.”
(Inspirate con) la vida,
Si haces una buena acción,
no dejes para mañana
lo que puedas hacer hoy.
Por ejemplo, hay mucha
gente que está sola en su dolor.
No les niegues una mano
ni una palabra de amor.
Mirá para arriba,
mirá para abajo:
Verás el camino que
Dios te ha marcado
de amor y trabajo.
Si elevamos el corazón, en silencio, reconocemos nuestro propio camino, el que Dios nos marca. Descubrimos la actitud que debe guiarnos, y lo que debemos hacer, y decir.
En la amistad más o menos consciente de Dios, crece nuestra dignidad lejos de toda fantasía, con un dinamismo propio que le devuelve el sentido a todo: que hace amable lo difícil y posible lo imposible.
Este cara a cara con Dios nos permite cumplir nuestra responsabilidad personal ante el compromiso de cada momento, a trabajar acá abajo, manteniendo siempre la ilusión, abriendo nuestra senda, reaccionando ágilmente ante los tropiezos y dificultades.