Yo cerré mi puerta una mañana;
mis amigos me vieron partir.
He cruzado montes y quebradas,
y todo por llegar a ti.
Muchas veces me mojó la lluvia,
de los manantiales yo bebí.
Tuve hambre, y fui ladrón un día,
y todo por llegar a ti.
Me hice amigo de la noche,
de los campos y del sol.
En las piedras del camino
hice mi verso mejor.
En mis ojos traigo viento,
y a flor de piel una canción.
He comido fruta de los montes;
a orillas del río me dormí.
Vine andando como un vagabundo,
y todo por llegar a ti.
Deja su hogar y su entorno, con el presentimiento del amor que lo espera lejos.
En el largo trajinar mantiene su franqueza y claridad a través de múltiples vicisitudes que lo ponen a prueba.
Los traspiés y las caídas no lo apabullan. Reacciona con agilidad, extrayendo lo mejor de sí mismo para superar las piedras del camino.
Su historia es la de un vagabundo. Pero la fuerza que lo mueve es espiritual: se trasunta en su mirada, y se expresa espontáneamente en canto.
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