jueves, 8 de abril de 2010

1.3. Por llegar a ti



Yo cerré mi puerta una mañana;
mis amigos me vieron partir.
He cruzado montes y quebradas,
y todo por llegar a ti.

Muchas veces me mojó la lluvia,
de los manantiales yo bebí.
Tuve hambre, y fui ladrón un día,
y todo por llegar a ti.

Me hice amigo de la noche,
de los campos y del sol.
En las piedras del camino
hice mi verso mejor.

En mis ojos traigo viento,
y a flor de piel una canción.

He comido fruta de los montes;
a orillas del río me dormí.
Vine andando como un vagabundo,
y todo por llegar a ti.



Deja su hogar y su entorno, con el presentimiento del amor que lo espera lejos.

            En el largo trajinar mantiene su franqueza y clari­dad a través de múltiples vicisitudes que lo ponen a prue­ba.

            Los traspiés y las caídas no lo apabullan.  Reacciona con agilidad, extra­yendo lo mejor de sí mismo para superar las piedras del ca­mino.

            Su historia es la de un vagabundo.   Pero la fuerza que lo mueve es espiritual: se trasunta en su mirada, y se expresa espontá­nea­mente en canto.


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