jueves, 8 de abril de 2010

2.5. Todas las mañanas le agradezco a Dios



Todas las mañanas
le agradezco a Dios
porque me acompaña
siempre donde voy,
por donde yo voy.

Porque tengo un beso
en cada despertar;
porque tengo amigos,
porque puedo andar.

Porque tuve fuerzas
para levantarme
cuando me caía.

Porque fuiste guía en
mi oscuridad.

Todas las mañanas
le agradezco a Dios
porque en mi camino
siempre tuve amor.


             Sabe que es Dios quien le despeja los caminos y lo ayuda a recorrerlos, haciéndole sentir su inspiración y brin­dán­dole su auxilio hasta el fin, en cada ins­tante de su vida.

            Lo reconoce como único sostén de todo: den­tro y fuera de él.

            El matrimonio, los amigos, su capacidad de mo­verse y de hacer, el amor que ha disfru­tado siem­pre, sus propias dis­­po­­siciones interiores: todo lo siente como recibido de Dios; no se apropia nada.

            Sabe que lo tiene siempre cerca.  Y le da gracias cada día, sin demora.