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Autorretrato de mi vida
Autorretrato de mi vida
Nací un mes de marzo a plena luz,
fui la alegría y la inquietud
de aquel hogar tan pueblerino.
Crecí junto al cañaveral,
calmé mi sed en un manantial,
les di mi canto a los caminos.
Viví entre el defecto y la virtud,
desasosiegos y quietud.
Viví tristezas y alegrías.
Si alguna vez me equivoqué,
no me arrepiento (lamento) porque hoy sé
que ésa es la escuela de la vida.
Pasé de la inocencia al rigor;
de la niñez, sin transición,
a ser un hombre.
Tal vez un día encuentre al niño aquel,
llevando a cuestas su vejez,
quién sabe adónde.
Amé las cosas simples de verdad,
fui aprendiendo a valorar
cada detalle de la vida.
No me lamento de mi ayer,
lo que sufrí ya lo olvidé;
soy el autor de mi alegría.
Del ambiente distendido y agreste donde nació y creció, con sus luces y sombras, pasó en plena adolescencia a enfrentar el rigor del mundo a la intemperie.
Por la claridad de su mirada, sus errores se convierten en lecciones, y aprende a valorar todo: aun lo que normalmente damos por sentado o se nos escapa; de modo que el saldo de sus balances es siempre positivo.
En la aceptación de las dificultades se fraguó su alegría, de la que se siente —por eso— autor.
En la aceptación de las dificultades se fraguó su alegría, de la que se siente —por eso— autor.
La mirada, dócil, del niño que fue sostiene su entereza. Y piensa que quizás algún día lo reencuentre plenamente.